Enero del 2007

EL CONDOR

Por SALVADOR PLIEGO CARRASCO, Huoston, Texas. EE.UU. - 16 de Enero, 2007, 2:38, Categoría: General




 
                           El Condor.
 
Tierra adentro,
cordillera de serpientes,
pincuyos secos de chacra negra y sol ardiente.
La llama acecha al vuelo
en su vertiente sedentaria.
 
Fuiste tú, ave, la puerta al viento,
al carrizo del hombre milenario
en la tumba del hueso y el quejido.
Rapaz.voraz, en tu pico
sació la Reina el deseo del tributo,
el ansia del esperma de los hijos de la piedra.
Tú en la altura, más allá del cuerpo y de la cima,
más allá de toda obra o centuria,
enterrado en las laderas del vértigo y la hoguera.
Fuiste hombre, vicuña, ave real de los caminos,
zorzal de trigo, sikú de viento,
atole oscuro, bebida y vino.
Ahí desgranaste la virtud del sueño
para clavar las manos sedientes de amor,
sangre y gemidos.
 
Voy a tí,
pueblo ancestral, regia temple,
en la cimitarra de plumas y sonidos,
en el pico, en el ala de mazorcas y delirios,
a saborear las rutas que en la historia
el hombre hizo destino,
a planear el vuelo de la altura hecho vestigio,
a dejar la sangre que no encontró camino.
 
Vuelo adentro, tierra adentro,
aprendí del condor la extension de alas,
,
la plenitud de sueños,
la magnimidad del cieno,
la eternidad del fuego.
Fui a la altura del fuego,
fui a la altura a saborear
cada espora y cada aroma,
a deleitarme de la bienaventuranza de su vestimenta
a besar las nubes con la boca
a degustarla en una copa.
 
Y sólo el cóndor incrustó en mi alma
la perennidad del fruto,
y me lanzó a la cima
para hablarle al hombre,
de la piedra, del canto,
de los sueños,
de la eternidad augusta del deseo,
de la solera volátil de las coplas,
de las joyas hechas piedra y hechas manos,
y dejar vestigio
de que hubo alguien
que soñó en la altura,
y guardó el secreto
en su mortal investidura.
 
II.
Así el condor habla,
tierra inca, tierra noble;
El portal de piedra,
de la roca en que naciste.
 
En cada piedra una mano sumergiste,
en cada roca el dolor y llanto proferiste
joyas a tus pechos como látigos de siglos,
y el milenio en que escondiste
la llaga del quebranto por los hijos que perdiste.
 
La milenaria noche de las piedras
la escondida fortaleza del guijarro y los gemidos.
 
De la roca emergió tu ala,
y en la cima de la cuesta y la ladera
el hombre se hizo cóndor,
del bagaje de la tierra,
a su propia vida.
 
III.
Así naciste:
hombre pico, hombre ala,
hombre garra, hombre pluma.
En la ladera de la tierra,
en la remota cima y la montaña,
en el surco de la herida.
Ahí donde sangraste
con las lágrimas de piedras y campanas.
En el precipicio de la historia y sus hazañas,
convertido en cóndor,
desgarrando al hombre y sus entrañas.
 
IV.
Vuelo en tí,
sideral raza protegida,
universal bandera del cielo y de la orilla.
Fui a la cordillera en busca del camino
y logré del cóndor su pluma en mi costilla
para robarle al Inca la humilde sencillez
del viento, la gesta y la semilla,
y descubrir del ave
la altivez del vuelo y de la vida.
 
Así nació la historia y el Inca se hizo roca. 
 
 
 
 


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REY LUNA...

Por Hildegard Rasch, escritora y poeta osornina. - 15 de Enero, 2007, 3:10, Categoría: General


 
Rey Luna
 
Lo veo rey, ¡ mi rey!
 
En noches como ésta
se asoma despacio
como un tigre blanco,
esta preciosa bestia
en el ramaje
de un viejo ciruelo
de mi abandonado patio.
 
¡ Mi rey luna, tigre, bestia!
 
 En noches como ésta
tan negra, tan helada,
tan espantosa y solitaria...
Mas, ya no las temo,  verdad.
¡Mi rey! menguante o creciente
siempre está,
cada vez un poco diferente.
 
Hoy es luna llena,
mi rey todo presente,
historia de una noche perfecta
completa e intensa.
 
¡Mi rey, mi tigre,
mi dulce bestia!...
sábes, que...
 
...aún florecen rosas
rojas y ardientes,
en medio de este hielo,
noches de invierno.
Se dispersa el aroma,
encima la nieve
se funden los olores,
rosas y alicanto.
 
En jarrones de oro
sonríen blancas calas,
gimen  gardenias,
murmuran arroyos,
cuentan  historias
tan ciertas.
 
Que este encanto no se acabe...
 
¡ Mi rey, mi luna, tigre blanco!
 
dispersa piedras preciosas
desparrama las perlas en el pasto
¡Mi rey, mi luna amorosa
de mármol, de cristales,
de alabastro,
amante, luna de mis sueños...
 
Pero ya amanece.-
 
Esa aurora, la claridad
 me robó el encanto.



  Hildegard Rasch.
  ( del poemario " Te soñé blanco")
   Inscrito como Derecho Intelectual.
                 

  Osorno, 14.01.07.-






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